La cocina del soldado

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«El ejército marcha sobre su estómago«. Esta frase, que muchos atribuyen al propio Napoleón, es bien cierta: alimentar a la tropa es una de las necesidades más básicas de cualquier ejército.

En 1810, los soldados españoles tenían derecho a diario al “pan de munición” pero tenían que pagar el resto de los alimentos con parte de su sueldo – unos 2 euros actuales por día.

Conseguir o disponer de harina suficiente era pues la principal necesidad para los intendentes. Según el manual de Intendencia de Tomás González Carvajal, de 1809, el pan debía ser ni demasiado bueno ni demasiado malo, bien cocido y que alimentara bastante. Tanto en el manual de intendencia español como en francés se dedica mucha atención al control de la buena calidad del pan. La elaboración se hacía en los mismos acuartelamientos o en los pueblos por donde pasaba el ejército.

En caso de escasez, el autor del manual recomendaba sustituirlo por galleta. Este tipo de alimento se hacía con agua, harina y sal, sin levadura, con una doble cocida para eliminar completamente la humedad y permitir su almacenamiento por mucho tiempo. Esta doble cocida origina la palabra “bizcocho” o cocido dos veces. La mayor parte de los ejércitos utilizaron este sustituto del pan, tanto en tierra como en la marina.

El resto de alimentos, como ya hemos dicho, debían ser comprados o conseguidos por los soldados. Los comerciantes, campesinos o aldeanos solían ser autorizados a entrar en los acuartelamientos a vender sus viandas. Legumbres y verduras, patatas y arroz, y raramente carne o tocino, se cocinaban conjuntamente con sus compañeros. Según González Carvajal 2 onzas (60 gr) de tocino y 4 onzas (120 gr) de “menestra” (legumbres, arroz, etc) por cabeza, hacen una escudilla “grata y sustanciosa”. Legumbres y verduras, patatas y arroz, y raramente carne o tocino, se cocinaban juntamente con los compañeros. Según González Carvajal 2 onzas (60 gr) de tocino y 4 onzas (120 gr) de “menestra” (legumbres, arroz, etc) por cabeza, hacen una escudilla “grata y sustanciosa”.

Estos alimentos eran cocinados colectivamente por las escuadras. Si eran de campaña o no disponían de platos y cuencos, los soldados comían todos de la olla – lo que los franceses denominan «à la gamelle», siguiendo un orden riguroso de proveerse de una cucharada de guisado.

La Intendencia se complicaba bastante en tiempo de guerra o campaña. El transporte de las grandes cantidades de alimentos, tanto para los hombres como para los caballos, era muy dificultoso y el abastecimiento debía efectuarse en gran medida sobre el terreno. El intendente debía informarse previamente de las posibilidades que los pueblos y ciudades por donde se movería el ejército podían ofrecer. Un trato justo a la población, pagando por lo necesario, facilitaba la estancia de las tropas.

Era frecuente que en campaña los soldados fueran hospedados en casas particulares. En estos casos tenían derecho a pedir:

“Solo cama, luz, agua, aceyte, vinagre, sal y asiento á la lumbre.” (Prontuario, pág. 9)

En campaña, era necesario proveer al soldado diferentemente. Recibían lo que denominaban etapa que podríamos comparar con las raciones de combate que distribuyen hoy los ejércitos. Si bien en otras naciones, ésta solía incluir carne y vino, González Carvajal lo desaconseja. Argumenta que la frugalidad del soldado español es una de sus virtudes y que el exceso de vino tampoco es conveniente, por tanto recomienda mantener el pan como base, complementado por galletas, queso y aguardiente en marchas forzadas o combate:

“Las raciones son de á quatro onzas en la galleta, de á dos en el queso, y de á dos en el aguardiente,…” (González Carvajal, pàg. 42)

Naturalmente, a pesar de estar penado, los soldados intentaban “enriquecer” su dieta con lo que podían recoger.

Un dato curioso es la introducción, en aquella época, del gazpacho como alimento extraordinario provisto por el ejército. Se hacía básicamente con pan y vinagre.

Después de una victoria el general les recompensaba con carne y vino, pagados por el ejército. Seguro que los soldados lo preferían a cualquier medalla!

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