Historia de Hostalric

 

Hostalric se encuentra sobre un antiguo volcán entre la vía romana y el desfiladero del río Tordera. La situación estratégica del pueblo y el hecho de estar situado en una zona de paso, hace pensar que desde tiempos muy antiguos el hombre se estableció en este lugar. La configuración geográfica es idéntica a la de los poblados iberos y, además, durante la época romana pasaba por aquí una bifurcación de la Vía Augusta.

Parece que el nombre de Hostalric tuvo su origen en un hostal cuyos primeros testimonios datan del siglo XI, aunque no es hasta 1106 cuando se documenta el nombre del pueblo. En 1145 ya se habla de su castillo.

En 1242 Jaime I el Conquistador otorgó al vizconde de Cabrera la licencia para la celebración del mercado semanal en Hostalric y un año más tarde la ciudad obtuvo la carta de población con el objetivo de favorecer la creación de un núcleo poblacional estable cerca del castillo.

A Bernardo I de Cabrera se le debe el primer amurallamiento de Hostalric. Bajo el mandato de sus descendientes, la ciudad se convirtió en la capital administrativa de los extensos territorios del vizcondado.

Las luchas feudales tuvieron repercusión en Hostalric y en 1462 la Guerra de los Remensas dejó su impronta en la población, cuando sus habitantes se resistieron a abrir las puertas a las tropas de la Generalitat. Tras cortar viñedos y campos de trigo, estas amenazaron con entrar en el recinto amurallado.

Como consecuencia de ello se decidió modernizar las fortificaciones de Hostalric y durante la Guerra de Separación —más conocida como «Guerra de los Segadores»— se llevaron a cabo las primeras obras de campaña, con terraplenes de tierra y fajinas que protegían el castillo y las murallas medievales.

Con el escenario de la Guerra de Sucesión se iniciaron las obras permanentes, destinadas a convertir la fortaleza de Hostalric en un punto neurálgico del sistema defensivo del ejército del archiduque Carlos de Austria en Cataluña. A pesar de su entrega a las tropas de Felipe V el año 1713, durante el siglo XVIII se hicieron importantes obras de reforma, convirtiendo esta plaza en la fortaleza militar que ha llegado a nuestros días.

Durante la Guerra de la Independencia Hostalric tuvo un papel brillante, tanto por su apoyo a la entrada de víveres durante el sitio de Girona como por estorbar el paso a las tropas enemigas. Por ello, a los franceses les convenía tomar la población.

El 7 de noviembre de 1809 un ejército de cuatro mil hombres saqueó e incendió Hostalric. Los franceses quemaron todo el pueblo y sus habitantes tuvieron que huir hacia los núcleos vecinos. En enero de 1810 los franceses tomaron la ciudad y se inició el largo asedio del castillo. Después de cuatro meses y más de cuatro mil bombas caídas, el coronel Estrada y toda la guarnición intentaron salvarse abriéndose paso entre el enemigo y huyeron de la fortaleza. Al día siguiente, los franceses tomaban la plaza. El capitán general de Cataluña concedió una medalla de oro a los oficiales de la guarnición y una de plata a la tropa. La inscripción rezaba: «Valor y fidelidad constante, Hostalric, 12 de mayo de 1810».

Otros hechos importantes de ese siglo fueron la desamortización del convento de los mínimos en 1835, la llegada de las hermanas carmelitas de la Caridad para hacerse cargo del antiguo hospital y de una escuela de niñas en 1856, la llegada del tren en 1860, la fiesta literaria en honor a Frederic Soler, Pitarra, en 1887, la instalación de la electricidad en 1895 y la construcción de la fábrica de tapones Llensa.

La Guerra Civil se inició en la ciudad con la quema de la iglesia, aunque Hostalric no sufrió bombardeos. Durante esta época, el castillo se utilizó como almacén de combustible y munición de los republicanos y, tras la guerra, como refugio y vivienda de muchos pasantes. En junio de 1939 el Ayuntamiento ordenó sustituir todos los letreros escritos en catalán. Joan Guitart i Roca, Sancho, fue alcalde de 1937 a 1939, cuando le llamaron a filas. En julio del mismo año la represión franquista le fusilaba en Girona.

En el año 1949 el Estado vendió la fortaleza, ya en desuso, al Ayuntamiento por 18.500 pesetas. En 1967 se iniciaron las obras de rehabilitación del castillo para convertirlo posteriormente en restaurante.

En 1963 tanto la fortaleza como las murallas fueron declaradas Bien Cultural de Interés Nacional y a partir de este momento se empezó la lenta pero continua recuperación, conservación y divulgación de su patrimonio monumental.