Prisión

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Uno de los castigos por alguna falta en la disciplina militar era la reclusión. Este espacio donde se encuentra fue durante décadas la cárcel de la fortaleza de Hostalric. La reclusión era sólo una de las formas de reanudar al soldado. Hacia 1800, los castigos corporales eran comunes a muchos ejércitos y lo siguieron siendo durante el siglo XIX.

Una muestra de ello es el reglamento disciplinario español:

“P. El que en dicho parage roba el valor de 50 hasta 200 reales vellon?

R. Sufrirá la pena de 10 años de presidio, y 6 carreras de Baquetas por 200 hombres.” (Prontuario, pàg.59)

Las «carreras de baquetas» consistían en pasar corrientes entre dos hileras de soldados que, con las baquetas del fusil, azotaban al condenado.

Los castigos corporales no existían en el ejército francés. Los condenados eran encarcelados o debían realizar trabajos forzados. Los calabozos estaban regulados, habiendo espacios separados por oficiales, suboficiales y tropa. También las condiciones de vida de los arrestados estaban reglamentadas.

Los prisioneros eran en primer lugar soldados de la guarnición. Pero en tiempos de guerra también se utilizó para encarcelar a enemigos, como fue el caso de la Segunda Guerra Carlista, en la que en 1848 fue recluido y fusilado el caudillo carlista Miquel Pujol.

Aunque era básicamente de uso militar —ya que el ayuntamiento disponía de su propia cárcel—, con el tiempo el ejército también asumió funciones de orden público y no puede descartarse que el espacio fuera utilizado para civiles.

A principios del siglo XX, la fortaleza disponía de tan reducida guarnición que los ciudadanos de Hostalric financiaron la construcción del cuartel de la Guardia Civil, que pasó a hacerse cargo del orden público.

De gran interés testimonial es el grafito a lápiz que se conserva en la jamba derecha de la puerta:

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